Los Iluminados


“Los iluminados”

Funciones: Sábados 4, 11 y 18 de agosto de 2018.

Horario: 21:00 hs

Entrada General: $200

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Los iluminados

 

 

Los locos, como los genios, se levantan, a menudo catastróficamente, sobre las limitaciones de su patria o de su tiempo, entrando en esa tierra de nadie, disparatada y mágica, delirante y tumultuosa, que los buenos ciudadanos contemplan con sentimientos cambiantes; desde el miedo hasta el odio, desde el aparente menosprecio hasta una especie de pavorosa admiración.

Ernesto Sábato

 

 

 

Los iluminados

En un espacio perturbador, dos individuos transitan su tiempo incomunicados con el exterior. La lucidez y la enajenación los contendrá en una realidad extraña, sin embargo ningún desorden emocional los alejará de la idea revolucionaria del amor y la liberación.

Los iluminados es la segunda parte de la Trilogía del Fin del mundo. Fue estrenada con el mismo elenco en septiembre de 2007 en la nave de las reclusas del Paseo del Buen Pastor y se realizó un total de 45 funciones a sala llena.

Con esta obra, ganadora del premio nacional de dramaturgia 2002 de la Asociación Argentina de Autores, la prestigiosa puestista Cheté Cavagliatto, inauguró junto a su equipo, un nuevo espacio para la representación escénica.

 

El elenco

Los Iluminados

Los iluminados


Cheté Cavagliatto
es puestista, reggiseure y directora teatral. Con una vasta trayectoria en ópera, teatro y espectáculos en espacios no convencionales, ha recibido innumerables reconocimientos tanto en Argentina como en Latinoamérica y Europa. Entre sus producciones mas recientes podemos destacar: La divina Comedia de Dante Alighieri (Plaza España, Isla de los patos y Salón de los pasos perdidos de Tribunales I de Córdoba), Los Cuadros de Marija, Desiertos y Cocodrilo. En ópera ha dirigido los últimos montajes de Aïda, Carmina Burana, Dido y Eneas, Pimpinone y Bastián y Biastiana entre muchas otras.

Santiago Pérez es arquitecto, escenógrafo y docente. Con una amplia experiencia en el campode diseño escenográfico y de vestuario, ha participado en proyectos de teatro y ópera tanto en el ámbito oficial como en el independiente. Sus trabajos han sido presentados en el Teatro del Libertador Gral. San Martín, Teatro Real y en salas no convencionales como como Medida X Medida, Centro Cultural España Córdoba, Documenta/Escenicas, entre otras. En 2004 fue becado para desempeñarse como director escenográfico de la puesta en escena de The Doll Hospital en California, EE.UU. Entre la extensa variedad de sus intervenciones se destacan sus trabajos en teatro, danza, ópera, intervenciones en espacios públicos, performances e instalaciones.

Los iluminados

Los iluminados

 Alejandro Orlando es actor y autor teatral. Creador junto a Pedro Paiva del duo “Los Modernos”, compañía con la que desde el año 2002 ha realizado giras y funciones en Argentina y el exterior. Los Modernos han recibido las críticas más destacadas y han sido galardonados con innumerables distinciones entre las que sobresale el “Premio ACE al mejor espectáculo de humor” del año 2007. Como autor ha estrenados sus obras en Argentina y España y ha recibido los premios a mejor obra de Argentores con sus textos La casa del viento y Los iluminados.

 

Hernán Sevilla es actor, director y docente teatral. Inicia su carrera en 1991 y ha trabajado con directores como Cheté Cavagliatto, Jorge Díaz, Cipriano Argüello Pitt, Roberto Videla, Marcelo Massa, Luciano Delprato, José Luis Valenzuela, Daniela Martín, Rubén Szuchmacher, Josep Pere Peyró (España), Paco Zarzoso (España), Guillermo Heras (España) y Stephan Sushke (Alemania) entre otros. Como actor ha realizado giras y funciones tanto en Argentina como en Chile, Uruguay, México y España.


Críticas

La voz del interior | 23 de septiembre de 2007 | Beatriz Molinari

“Una fábula bella sobre las cosas de vivir”

 Calificación: excelente. Autor: Alejandro Orlando. Dirección: Cheté Cavagliatto. Arte visual: Santiago Pérez.

Intérpretes: Alejandro Orlando y Hernán Sevilla. Duración: 1 hora. Sala: Capilla del Buen Pastor.

Las aguas danzantes y el bullicio quedan atrás. La puerta lateral de la Capilla del Buen Pastor –la que mira a Los Capuchinos– se abre para el teatro. En la Nave de las Reclusas el aire reverbera. Dos hombres se reparten el espacio. Uno, el de anteojos, se mueve. La obra ya ha comenzado. Los iluminados, de Alejandro Orlando, propone una acción teatral conseguida a fuerza de detalles y una entrega completa de los actores al público. Hernán Sevilla y el mismo Alejandro Orlando construyen un espacio de ensueño, tierno y siniestro a la vez. El diálogo entre Ronco y Cartucho discurre; sólo tienen una planta y dos sillas de madera, sillas de monje en la luz tenue.

Hernán Sevilla trabaja una gestualidad rígida, de hombre espantado; Orlando, en tanto, es un niño adulto, de anteojos y tics, dentro de un traje viejo. Ellos están ahí. La obra que dirige Cheté Cavagliatto plantea amorosamente ese no-lugar compartido por dos que no son nadie. Hay momentos que se inician con una palabra o un cambio de postura. Ellos dicen “viene” y la puerta del fondo se convierte en figura. Las sillas, la planta, la puerta y ellos.

En el teatro siempre se asume un pacto; tan cerca de los actores, el público, que se sienta en esa nave dispuesta para el espectáculo, debe entrar en el mundo cerrado e infinito, a la vez, de la locura, la enfermedad o la libertad absolutas. Ellos dicen “este lugar” y juegan al ajedrez con pedacitos de papel. Hablan sencillamente de la vida después de la muerte, la reencarnación; logran una extraordinaria disquisición que sigue a “Yo pensando”, cuando comentan cómo reparte el hombre su día; cuando aseguran que Dios no sueña con los desgraciados, entre otras cosas.

El texto –que ganó el Premio Argentores 2002– también es una puerta a lo emocional. Asume temas conocidos y recuerda a Beckett, a Kafka. Por esas voces que reverberan en la sala van apareciendo claves que llevan a un final que deja sin aliento. Los actores escuchan una voz interior, la de esos personajes que poco dicen de las circunstancias que los llevaron ahí, al despojo. Cavagliatto les ha pedido todo y ellos han respondido.

Alejandro Orlando, que se hizo conocido por ser uno de Los Modernos, vuelve al teatro de las tripas, como se dice en la jerga; y Hernán Sevilla se expone más que nunca en el personaje de Ronco, el racionalista.

Los iluminados es esa clase de obra que reaviva la fe ciega en la actuación y asume el riesgo de poner alas al espectador. Además, la nave de la Capilla, como tercer personaje, llama a imaginar su historia, la que guardará por siempre. Incluso, algunos aseguran que los actores han sido visitados por unos ángeles con forma de reclusas, que en una madrugada dejaron su bendición en la nave.


El Atelier – Asociación Internacional de Críticos de Teatro | 5 de noviembre de 2007 | Fernanda Pérez

“Los Iluminados: dos hombres que están solos y esperan”

 Cuando el espectador ingresa a la sala ya percibe ese estado de encierro al que hace referencia la obra. El calor del lugar, el eco de las voces que retumban en cada esquina, y el escenario rodeado de puertas altas y compactas parecen reafirmar ese estado de reclusión. Allí, en ese marco, están ellos: Carlucho y Ronco. Son dos hombres de edad indefinida. Podrían ser locos, presos o ancianos, aunque es la falta de cordura el aspecto que más sobresale en este relato. Sin embargo, la lucidez también se hará presente a través de sus reflexiones.

«Los iluminados» es una muy buena producción en la que todo parece funcionar: el texto, la dirección, los actores y un contexto que emana la mística de la ex Capilla del Buen Pastor que hace las veces de sala. La obra -que incluso resultó ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia 2002 organizado por Argentores- logra fusionar profundidad y simpleza, algo nada fácil en el ámbito de la dramaturgia. De allí que los diálogos de Carlucho y Ronco generarán algunas veces risas y algunas otras una gran emoción. Todo lo que ellos comparten está salpicado de inocencia, ternura y verdades dolorosas. La dirección, de Cheté Cavagliatto, ha logrado crear un contrapunto perfecto entre estos dos personajes, imprimiendo en cada escena los climas adecuados para permitirse un cierre intenso, liberador, potente y estéticamente bello. Alejandro Orlando y Hernán Sevilla -quienes ya habían trabajado juntos en otros proyectos teatrales- se lucen a lo largo de la puesta. Orlando sorprende, sobre todo porque en los últimos años el público lo ha asociado a «Los Modernos» y su Carlucho es algo totalmente diferente. El actor ha logrado romper con aquel estereotipo para dar vida a un hombre distinto, un tipo sentimental, «de gran corazón» (como lo llamará Ronco en un momento de la obra). Carlucho es casi infantil, y es justamente esa inocencia la que le otorga cierta pureza a sus razonamientos, y la que hace posible que sus ilusiones los mantengan vivos a ambos. Ronco, encarnado por Hernán Sevilla, pareciera ser que lleva a cuestas el «peso de la lucidez». El ni siquiera aspira a salir, pero igualmente intenta preservar a su compañero de la desilusión, de la tristeza y del abandono. Aun en ese contexto opresor, ellos tienen simples ritos que les ayudan a sobrevivir. La imaginación y la amistad hacen posible que los días tengan sentido, porque al fin de cuenta vale la pena esperar que algo ocurra, que algo cambie. «El afuera» da temor. Al igual que Alejandra Pizarnik los protagonistas sienten en carne propia aquello de «la jaula se ha vuelto pájaro, qué haré con el miedo», pero el deseo parece encontrar el modo de vencer esos osbtáculos. «Los iluminados» emana una luz propia, y en el espectador se descubre la emoción que genera.

Es breve, contundente, sincera y profunda, y seguramente una vez terminada, más de una persona quedará pensando en Ronco y Carlucho, como si realmente existieran, como si aún estuvieran esperando por la libertad.

El detalle

“Los iluminados” es un interesante proyecto teatral que tuvo la particularidad de estrenar el flamante Paseo del Buen Pastor de Córdoba (ex cárcel de mujeres) como escenario. Además asumió el desafío de hacer funciones de lunes a lunes durante más de un mes y medio.

Con entradas que se agotaban con casi 24 horas de anticipación, la obra se consolidó como un verdadero éxito, que marca un muy buen regreso para la dupla conformada por Hernán Sevilla y Alejandro Orlando. A este último se lo podrá ver a partir del 7 de noviembre con otra propuesta de las artes escénicas cordobesas, “Los Modernos”, en la que comparte cartel con Pedro Paiva.


Vidal Medina – 9 de agosto 2012 – Monterrey (Mexico)

La realidad es otra cosa

“No hay ningún lugar ahí que no te mire”

-Rilke

“Entrañable el trabajo de ese hombre sobre el escenario”, fueron las palabras de la maestra Coral Aguirre, al final de la función de Los iluminados, para referirse al trabajo de Alejandro Orlando, quien interpretaba a Carlucho, un hombre con el mal de parkinson, y cuya interpretación conmovió no sólo a Coral Aguirre, sino a todo el público asistente que aplaudió de pie al final de la función, la noche del miércoles en el escenario del Teatro Convex.

Hernán Sevilla y Alejandro Orlando como Ronco y Carlucho respectivamente, se brindan sobre el escenario y nos regalan una interpretación conmovedora en una obra sobre la amistad, los sueños y la condición humana. Los iluminados es dirigida por Cheté Cavagliotto, directora con una vasta trayectoria en ópera, teatro y espectáculos en espacios no convencionales.

Dos hombres encerrados en un espacio ambiguo, pero que podría ser un asilo, una cárcel o un manicomio, esperan, como los personajes de Esperando a Godot, a una persona que vendrá por ellos, pero esperan en vano; aunque diferencia de Didí y Gogó, es la lucidez lo que caracteriza sus diálogos, en los que debaten sobre el aislamiento y la esperanza de salir y enfrentarse al mundo.

La obra nos muestra a un Carlucho ingenuo, pero su fe, quizás infantil, es la única motivación que encuentra para pararse de la cama cada día. Ronco en cambio es racional, pensante. Podríamos decir que la obra transcurre mientras matan el tiempo. Los iluminados es una obra donde la fragilidad humana se deja traslucir a través de los diálogos sobre la amistad, los sueños y el deseo de libertad.

El final de la obra es cautivador y abierto, da lugar a varias interpretaciones en las que Coral y yo nos intentábamos poner de acuerdo. Al final convenimos en una solución satisfactoria para ambos.

La obra presenta una construcción sencilla que es de agradecerse ya que logra lo que todo espectador le pide al teatro, que lo toquen en las fibras más sensibles a través de mecanismos sencillos y humanos. Los iluminados es la segunda parte de La trilogía del fin del mundo, de Alejandro Orlando y ganó el Premio Nacional de Dramaturgia en 2002 de la Asociación Argentina de Autores.